Si bien el glaucoma daña de manera progresiva e irreversible el nervio óptico, la clínica Alta Visión cuenta con tecnología de vanguardia y protocolos de atención que reducen la probabilidad de quedar ciego debido a esta alteración ocular.

  Vivir con glaucoma sin conocer la ceguera Foto: Alta Visión

Con algunas excepciones, los pacientes que presentan glaucoma suelen sentirse muy bien. “No sienten dolor, no tienen los ojos rojos ni irritados e, incluso, no han notado haber perdido la visión”, explica el doctor Francisco Rangel, director científico de Alta Visión.

Esto se debe a que la enfermedad progresa lentamente, comienza por destruir poco a poco la visión periférica. Así, un paciente puede perder casi toda la visión lateral antes de notar que tiene glaucoma. En cambio, la visión central que utiliza para leer, conducir o ver televisión solo se afecta cuando la enfermedad está muy avanzada.

Precisamente, la ausencia de síntomas iniciales dificulta el diagnóstico oportuno, y “a veces, aunque el paciente sabe que tiene glaucoma, el hecho de ‘sentirse bien’ lo lleva a pensar que no es algo real, lo cual reduce la tasa de adherencia al tratamiento”, señala el doctor Rangel.

Los familiares de pacientes con glaucoma tienen un riesgo diez veces mayor de padecer esta enfermedad. Francisco Rangel, médico oftalmólogo y director científico de la clínica Alta Visión.

Así lo demuestra un estudio, realizado en Estados Unidos, que encontró que a los 20 años del diagnóstico, y a pesar del tratamiento con gotas, el 54 por ciento de los pacientes con glaucoma quedaron ciegos de un ojo, y el 22 por ciento, de ambos. La razón es que el 70 por ciento dejó de utilizar el medicamento correctamente apenas tres meses después de iniciarlo.

CUANTIFICAR CON PRECISIÓN EL DAÑO

Según explica el doctor Rangel, para el diagnóstico, seguimiento y tratamiento del glaucoma es necesario evaluar la integridad del nervio óptico, estructura que lleva la información visual desde el ojo hasta el cerebro. “Esta evaluación debe hacerse sobre la sección visible del nervio, que tiene un diámetro cercano a 1,5 milímetros y contiene en promedio un millón de fibras”, agrega el especialista.

Y para ello, esta clínica cuenta con tecnología de vanguardia para cuantificar la pérdida de fibras del nervio óptico, monitorear electrónicamente la presión intraocular objetivo, entre otros exámenes necesarios para evaluar la estabilidad de la enfermedad.

 

PRESERVAR LA FUNCIÓN VISUAL

El tratamiento tiene el objetivo principal de preservar la función visual a lo largo de la vida. “Aunque no podemos devolverle al paciente la visión que ya ha perdido por glaucoma, sí es posible ayudarlo para que no pierda la que le queda y tratar otras patologías que suelen pre-sentarse de manera simultánea, como la miopía, hipermetropía, catarata, presbicia y degeneración macular para alcanzar el máximo potencial visual”, asegura el doctor Rangel.

Actualmente, la presión intraocular es el único factor de riesgo sobre el que es posible actuar, y se ha demostrado que su descenso previene la progresión del daño glaucomatoso, explica el oftalmólogo. Indica, además, que “esto se puede conseguir mediante medicación tópica con gotas, procedimientos láser altamente efectivos y libres de efectos adversos sistémicos”.

La clínica Alta Visión es pionera en este tipo de tratamientos láser y ha realizado más de 3.600 procedimientos exitosos.

También se especializa en cirugía mínimamente invasiva, que ha demostrado una alta tasa de efectividad en los casos más avanzados.

EXAMEN VISUAL 360 GRADOS

Alta Visión ha desarrollado el protocolo de evaluación visual 360 grados, con énfasis preventivo, en el que se realizan, en un mismo día, exámenes especializados para facilitar el diagnóstico y seguimiento del glaucoma, y descartar las principales enfermedades visuales presentes en la población colombiana.

Teniendo en cuenta que el glaucoma puede afectar a cualquier persona, incluso desde el nacimiento, el oftalmólogo recomienda realizar el examen visual desde el primer mes de vida; en adolescentes y adultos sanos, cada 4 años y a partir de los 40, una vez al año.

También deben ser evaluados anualmente los pacientes con diabetes, hipertensión arterial, miopía, y enfermedades cardiovasculares.

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