Esta es una de las propuestas más acertadas en la nueva política pública.

 Cuando se le presenta una situación difícil en su vida, que al parecer no tiene solución, ¿en qué piensa? Tal vez usted es una persona equilibrada que cuenta con los recursos psicológicos adecuados que le permitirán salir adelante sin consecuencia en sus emociones y sin cambios de su conducta en el diario vivir, es decir, tiene algo llamado “resiliencia”, que es la capacidad de ver en los problemas una oportunidad para hacer cambios positivos en su vida.

Sin embargo, la sola resiliencia no resuelve todos nuestros problemas. Nuestra vida trascurre en medio de problemas sociales caóticos: el consumo de sustancias psicoactivas, la violencia intrafamiliar, los altos índices de pobreza y la falta de oportunidades para acceder a trabajos dignos son algunos de los factores desencadenantes que nos pueden conducir a desarrollar una enfermedad mental.

Las enfermedades mentales son prevenibles y por tanto el suicidio, que es una de sus peores consecuencias, también lo es. El índice del intento suicida en el Quindío ha incrementado exorbitantemente en los últimos años pasando de 1,9 en el 2009 a 9,4 en el 2017 por cada 100 mil habitantes.

El suicidio es un problema de salud pública por lo que implementar mejores estrategias es una obligación del Estado. Para lograr un cambio positivo en el comportamiento de las sociedades es imperativo mejorar su salud mental y no se le ha dado la relevancia que requiere.


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