¡Ballena a la vista!». El velero Blue Panda de WWF se acerca al cetáceo para medir su exposición al plástico en el santuario mediterráneo de Pelagos, donde rorcuales, cachalotes y delfines se cruzan con residuos incluso alejados de las costas.

Tres observadores siguen con prismáticos los movimientos de este rorcual común, el segundo animal más grande del mundo después de la ballena azul. Visible a centenares de metros, el mamífero se sumerge para salir de nuevo a respirar a la superficie diez minutos más tarde.

Este cetáceo, cuya población está estimada en 1.700 ejemplares en el noroeste del Mediterráneo, está amenazado por la actividad humana: contaminación química, sonora, colisiones… y también por el cambio climático que amenaza su alimentación.

Los rorcuales además pueden quedar atrapados en redes de pesca, ingerir plásticos y atragantarse o bien contaminarse a través de los microplásticos presentes en su alimentación.

En 1999, Francia, Italia y Mónaco crearon el santuario Pelagos, un triángulo entre Presqu’île de Giens (Francia), el norte de Cerdeña y el Fosso Chiarone en Italia, para proteger a los mamíferos marinos. Los rorcuales se alimentan del kril en este espacio en el que cohabitan con cachalotes, calderones y cuatro especies de delfines.

Desde 2000, la organización medioambiental WWF lleva a cabo campañas para tomar muestras de su contaminación química.

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